Asesor Fiscal Javier Palacin

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El estado autonómico

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La crisis económica que está sufriendo el país, está sembrando dudas sobre la conveniencia del actual modelo de estado. El hasta ahora incuestionable estado autonómico, comienza a ser criticado y en parte culpado de nuestros males. Los recortes que estamos viviendo están mermando el estado de bienestar. Lo que está generando un creciente malestar social, en una sociedad que ve como los servicios sociales disminuyen, así como la calidad de los mismos. A su vez cada vez es mayor el esfuerzo fiscal que se pide a la ciudadanía.

Hasta ahora los recortes siempre han venido del mismo lado, el ciudadano medio. Subida del gravamen en los diferentes tramos del IRPF, más IVA, bajada del sueldo de los funcionarios, congelación de oferta de empleo público, recortes en sanidad, educación, eliminación de subsidio de desempleo. Sin embargo no se ha tocado la estructura del estado y lo que es más preocupante ni siquiera está en la agenda.

Nuestros políticos nos venden la idea de que los recortes son necesarios, un mal para evitar un mal mayor y hasta ahí estoy de acuerdo, donde no estoy de acuerdo es en donde hay que recortar. El desarrollo del Estado autonómico coincidió con años de bonanza económica, lo que nos permitió creer que podíamos sostener estructuras más amplias de las que ahora la tozuda realidad nos dice que no podemos mantener. Para entender la evolución del modelo autonómico debemos ponernos en el contexto de la época en que se crearon. El actual estado autonómico nace en 1978, su estructura obedece a muchos factores, en primer lugar motivos políticos e históricos. La descentralización permitía satisfacer los intereses nacionalistas. Intereses que habían surgido como resultado de las diferentes identidades sobre las que se ha construido la unidad de la nación española.

autonomias

De este modo, nacen en España 17 comunidades autónomas, agrupadas teniendo en cuenta criterios históricos, geográficos, económicos y políticos. Las comunidades, consideradas como “históricas” son las primeras que empiezan a asumir competencias. A la barra libre de competencias le siguen el resto de comunidades. Lo que a la postre supuso una desmembración del estado hasta dejarlo en un papel residual.

Sin embargo, el estado autonómico no ha servido la calmar las aspiraciones nacionalistas pero si para crear 17 administraciones dentro del estado que no han parado de crecer hasta límites insostenibles. La descentralización fue necesaria, pero se realizo por motivos equivocados, satisfacer a los nacionalistas y regionalistas que deseaban ver reconocida una diferenciación cultural en la Constitución y no por motivos de eficiencia en el gasto.

Parecía lógico pensar que una descentralización estructurada en CCAA y Ayuntamientos, se traduciría en instituciones más cercanas a la ciudadanía, ofreciendo más y mejores servicios. Sin embargo se han convertido en instituciones despilfarradoras, y en muchos casos poco transparentes. Por lo que cada vez parece más claro la necesidad de una nueva estructura territorial del Estado, más eficiente y racional, que permita prestar servicios públicos de calidad ante la evidencia de que las comunidades autónomas no han supuesto una mejora.

Estos son algunos de los argumentos por los que la actual Organización territorial del Estado no es eficiente:

Asumir ciertas competencias a generado duplicidades entre las instituciones lo que según recientes estudios supone un derroche de entre 18.000 y 22.000 millones. Este sobrecoste está oculto en la infinidad de entes, consorcios, observatorios, sociedades o fundaciones cuyas tareas mayormente están desempeñadas por otra institución. Todas aquellas instituciones que realicen actividades similares deberían fusionarse, con el fin de evitar solapamientos y un gasto irracional en las arcas públicas.

La descentralización ha supuesto una desmembración del mercado español, la infinidad de regulaciones implantadas en cada comunidad no ha supuesto más que disparidades y barreras entre los diferentes territorios. Las diferencias van desde la existencia de diferentes impuestos, véase el caso del impuesto de sucesiones y donaciones, hasta horarios comerciales. Estas diferencias rompen la unidad de mercado e incluso suponen una traba más a las inversiones, especialmente las extranjeras.

El número de ayuntamientos es desproporcionado a su número de habitantes, fusionando los 6.821 municipios de menos de 5.000 habitantes que hay en España, el estado ahorraría hasta 4.000 millones de euros. De este modo el papel de las diputaciones dejaría de tener sentido, ya que su función es proporcionar aquellos servicios que los ayuntamientos de menor tamaño no tienen capacidad de suministrar, por ejemplo los ambulatorios. La eliminación de estos municipios supondría pasar de 68.000 concejales a 21.000, así como una reducción de altos cargos, coches oficiales, etcétera.

Los regímenes forales, aunque amparados en la constitución tienen una legitimidad dudosa hoy en día. En primer lugar la única comunidad Foral es Navarra, en el caso de Euskadi se le concedió este privilegio en el año 1978 sin ninguna legitimidad histórica. La existencia de un régimen foral y otro común genera desigualdades e injusticias, especialmente para las regiones limítrofes que ven como su industria se instala en las comunidades forales donde disfrutan de una menor tributación. Impidiendo la posibilidad de competir con ellas al no tener competencias normativas en el impuesto de sociedades. Esta competencia desleal merma las posibilidades de crecimiento de las regiones fronterizas e impide que compitan en igualdad de condiciones.

Se debería poner fin a estos privilegios, y buscar la convergencia fiscal a nivel nacional, con el fin de poder garantizar la igualdad entre todos los españoles. Numerosos estudios independientes demuestran que tanto el convenio económico con Navarra como el concierto económico Vasco, no cubren todos los servicios que el estado proporciona en estos territorios. El cupo, atiende más a criterios y reglas políticos más que a criterios económicos, lo que supone una sistemática infravaloración de los costes de las competencias que el estado desempeña en estas comunidades. Al fin y al cabo, la contribución de estas comunidades al estado acaba dependiendo del apoyo de los partidos nacionalistas en las votaciones de los presupuestos del estado, produciéndose un agravio comparativo con el resto de ciudadanos españoles. El País Vasco cuenta con unos recursos por habitante de 4.712,7 euros mientras que en Navarra es de 4.156,6 euros. Lo que supone que los ciudadanos de estas comunidades disponen del doble de recursos que el resto del país.

Por otra parte la descentralización desaprovecha las ventajas que proporcionan las economías de escala. Existen competencias que de ser gestionadas a nivel estatal permitirían un importante ahorro, el ejemplo más evidente es la sanidad. En definitiva las dificultades económicas que atraviesa el país tienen mucho que ver con la estructura del estado autonómico, ya que en gran medida son las artífices de buena parte del déficit y la deuda.

Atajar el problema del déficit pasa por ajustar el tamaño de las autonomías, eliminar Diputaciones y fusionar municipios. Es necesario adelgazar la estructura del estado. Por otra parte considero que sería un error mermar aun mas las competencias del estado, ya la gestión estatal de muchas competencias es la única manera de garantizar la cohesión y la igualdad entre los españoles. No creo en una España centralista , pero la descentralización debe ser viable y en ningún caso debe servir para aumentar los desequilibrios o generar desigualdades. La descentralización tiene sentido en la medida en que supone una optimización del gasto y un mejor servicio.

El proceso de descentralización no se ha llevado a cabo correctamente, y en muchos casos solo ha servido para sobredimensionar estructuras dentro de las comunidades, creando instituciones poco transparentes, de escasa utilidad pública y que responden al clientelismo más rancio. Se trata de instituciones, fundaciones, y observatorios copadas por familiares de políticos. Los llamados cargos de libre asignación son desempeñados en muchos casos por familiares o amigos sin cualificación, y con dudosa o nula experiencia en el campo.
El enchufismo es uno de los males endémicos de este país, y acabar con los privilegiados de la dedocracia no va a ser tarea fácil. El pasado ano salía a la luz que Anna Hernández, esposa de José Montilla, acumulaba una quincena de cargos públicos. El disparate y la desfachatez de algunos de nuestros políticos no tienen límite. Este es un de los muchos ejemplos de cómo el desarrollo autonómico no ha servido para sus fines, impulsar el desarrollo económico y social, sino para servir a los intereses de los caciques locales o regionales. Esperemos que algún día surja en España algún político que no obedezca a los intereses de su partido, familiares o amigos sino al de los ciudadanos y promulgue una ley de incompatibilidades de cargos. La política debería ser una profesión por vocación, no por lucro.

Las comunidades han pasado a desempeñar funciones que en ningún caso pueden ser eficientes ni de utilidad a nivel regional, cual es el sentido de tener 13 televisiones autonómicas, los canales regionales costaron al contribuyente 2.000 millones de euros el año pasado, más un endeudamiento de 1.500 millones por los déficits de explotación del pasado. Las televisiones autonómicas, no son más otro nido de amigos, eso sí muy costosos para el contribuyente. Véase el caso de Catalunya Radio que cuenta con 2.600 empleados, frente a los 1.275 de Tele 5, que le supera ampliamente en audiencia.

En resumen, creo que es necesario refundar el estado. Tener 17 tribunales de cuentas, o defensores del pueblo no suponen un mejor servicio para la ciudadanía, pero si un terrible coste. Se trata de acabar con el despilfarro, las comunidades tienen cabida en nuestro estado, pero la descentralización no puede ser irracional sino que debe atender a criterios de eficiencia. El actual modelo organizativo y burocrático no se puede sostener, debería adelgazar y ajustarse a las posibilidades que el país tiene en este momento. Las instituciones deberían ser más transparentes, así como la elección de sus cargos, España necesita una estructura de estado más democrática.

Written by javierpalacin

September 7, 2012 at 3:26 pm

Reflexiones sobre el Euro

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La actual crisis económica es tan grave como la falta de ideas para abordarla. Después de una década de expansión económica, la economía española afronta su cuarto año de crisis sin ver la luz al final del túnel. España sufrirá por muchos anos la crisis y tendrá que realizar un duro esfuerzo y las reformas pertinentes sino quiere que esta sea una década perdida.

Uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la economía española, es el desempleo, los problemas estructurales de la economía española hacen que en momentos de contracción económica la destrucción de empleo sea más rápida que en otras economías. Somos una economía intensiva en mano de obra, así que en momentos de desaceleracion económica el mecanismos de ajuste es el de desprenderse de empleados. Quizás ahora nos toca pulgar los pecados por no haber hecho una apuesta decidida en I+D en la etapa de bonanza económica.

España cuenta con una tasa de paro por encima del 24% y que previsiblemente se mantendrá así durante al menos 3 años más. Ya que dados los mencionados problemas estructurales de la economía española, se necesita crecer por encima del 3% para generar empleo.

Más alarmante es si cabe la tasa de empleo juvenil, el 53% de los españoles menores de 30 anos no encuentra trabajo, y lo que es más preocupante están empezando a perder la esperanza de encontrarlo. Se trata de una juventud a la que se le inculco la importancia de formarse y ahora ven como las puertas al mundo laboral se les cierran. Muchos de ellos han optado por emigrar ante la falta de expectativas en España y desgraciadamente otros muchos lo tendrán que hacer. Poco futuro le espera a un país que forma a sus jóvenes para que terminen ejerciendo su profesión en el extranjero.euro

La sociedad española empieza a sentirse frustrada y desesperanzada ante el futuro que le espera, exige y reclama soluciones, unas soluciones que parece que los dirigentes no encuentran. Tampoco parece que haya una solución clara cuando un cuarto de la población activa está desempleada, las familias endeudadas y el consumo estancado. La inversión por los suelos dada la incertidumbre, el bajo consumo, y la dificultad de acceso al crédito. Respecto el gasto público, recientemente se han aprobado los presupuestos más austeros de la historia, y nuestra balanza comercial a pesar de las mejoras de los últimos anos sigue siendo deficitaria.

Y todo ello en un entorno en el que a la crisis económica se le une la crisis financiera, y la de deuda, ni hasta el economista mas agorero hubiese podido imaginar una situación así.

Claramente la situación económica de España no invita al optimismo, en este contexto cada vez surgen más voces críticas en contra del euro, quienes consideran que no hay solución a los problemas económicos de nuestro país en el marco de la moneda única.

El hecho de pertenecer al Euro conlleva una serie de compromisos de déficit y deuda, con el fin de disciplinar las economías. Sin embargo en la situación de recesión que vive España realizar políticas contractivas y de austeridad supone un suicidio económico, no es la primera vez que las políticas neoliberales de la escuela de chicago fracasan, simplemente deberíamos mirar hacia atrás y ver los ejemplos de Argentina, Chile o Rusia.

España tenía dos opciones, apostar por estimular la economía o controlar el déficit, pero el hecho de pertenecer a la Unión monetaria hace que no tengamos opción. Apostar por reducir el déficit no ha servido para calmar a los mercados ya que la prima de riesgo sigue en niveles insostenibles, sin embargo ha anulado toda posibilidad de crecimiento. Por lo que seguimos siendo un país endeudado con el agravante de nulas expectativas de crecimiento a corto plazo, en definitiva, carne de canon para los mercados.

El resultado es que durante el año 2013 España tendrá que hacer frente a unos intereses de 40.000 millones de euros, dinero que no revertirá en beneficio de la sociedad española, que ve como el estado de bienestar y los servicios públicos se deterioran. Este creciente malestar social ha sido el detonante del debate social sobre la conveniencia o no de pertenecer al euro.

Por una parte la crisis ha sacado a la luz la necesidad de reformar las instituciones europeas al verse incapaces y sin los mecanismos adecuados para poder ayudar a los países miembros en dificultades. La unión monetaria plantea un sin fin de carencias como por ejemplo el tema fiscal. Esta mayor integración requerirá de reformas y delegación de soberanía de los países a la unión europea, pero requerirá tiempo, un tiempo que España no tiene.

Por otra parte la Unión Monetaria representa a un montón de países con necesidades y realidades económicas muy diferentes. En el que va a resultar muy difícil poner de acuerdo a todos los miembros para adoptar reformas de envergadura. La propia forma en la que se ha concebido la unión es otro problema, ya que en muchos casos requiere de unanimidad a la hora de tomar decisiones de calado, lo que refleja la ineficiencia de la unión para tomar decisiones rápidas y contundentes.

El mayor reflejo esta ineficiencia es la falta de actuación del BCE en la crisis de deuda, si bien es cierto que el papel del BCE es el de controlar la inflación y no el de comprar de deuda también es cierto que las circunstancias son extraordinarias. La compra de deuda por parte del BCE es un parche y no va a solucionar los problemas pero ante la grave situación debería de actuar como cortafuegos ante los ataques especulativos que está sufriendo la deuda de los países periféricos.

En este sentido resultaría de sentido común Aunar esfuerzos entre todos los socios europeos pero la realidad es que se empiezan a oír voces críticas desde Europa a la compra de deuda soberana, a su vez la crisis de deuda está teniendo resultados muy diversos para las economías Europeas. Mientras los países periféricos están siendo hostigados por los mercados, el bono alemán, que representa a la economía más estable de la Unión monetaria se está convirtiendo en el valor refugio de Europa. Lo que permite a Alemania financiar su deuda a un coste bajísimo a pesar de que su deuda es superior a la española. Esta circunstancia puede actuar como incentivo perverso para los países que se están beneficiando de esta situación y aplazar las decisiones y reformas necesarias para salvar las economías en apuros.

Tendría mucho sentido que si compartimos una misma moneda nuestro riesgo país se unificara creando eurobonos, sin embargo esta opción de compartir el riesgo resultaría especialmente costosa para Alemania, país que rechaza esta opción contundentemente ya que se financiaría a unos intereses mayores.

Por otra parte las políticas de ajuste y austeridad como solución a la crisis financiera, que están realizando los países de la zona euro, especialmente los rescatados, están dando resultados desoladores, véase los casos de Grecia o Portugal.

Como resultado, euroescépticos y muchos sectores descontentos con la situación económica ven en la salida del Euro una opción cada vez más creíble. Salir del euro supondría la recuperación de la autoridad monetaria, permitiendo imprimir nuestra moneda propia moneda con lo que tendríamos un mayor control de la evolución económica del país atendiendo a las necesidades económicas y sociales.

La nueva peseta podría devaluarse, teniendo un efecto estimulador de las exportaciones y frenando las importaciones, el impacto dependería de la magnitud de de la eurodevaluación. Una vez realizada la devaluación, mejoraría nuestra competitividad, y sería bastante sencillo atraer de nuevo la inversión extranjera.

Resulta destacable el déficit de nuestra balanza comercial, que a pesar del contexto económico durante el año 2011 registro un déficit por cuenta corriente próximo al 4% del PIB. Sólo con una devaluación contundente se afrontaría el problema. Por otra parte el abandono del euro se podría fijar con un compromiso de vuelta una vez que la situación se haya estabilizado y con un tipo de cambio más realista a la capacidad económica de España.

Sin embargo la salida del euro representaría un cumulo de dificultades legales dado que la UME no contempla ni la salida ni la expulsión de ninguno de sus miembros, aunque sería imposible detener a un país soberano que desease abandonar el euro.

Por otra parte supondría un cambio dramático y generaría gran inestabilidad, cabe recordar que la entrada en el euro fue un proceso de adaptación de 3 anos, en el caso de salida del euro el periodo de adaptación seria de semanas.

A su vez se produciría una salida masiva de capitales, para evitar la conversión en la nueva moneda que se devaluaría inmediatamente entorno a un 30%. Evidentemente las autoridades actuarían para evitar la fuga de fondos lo que supondría un escenario muy parecido al vivido por Argentina en el 2002. Todo ello conllevaría un drástico efecto retroactivo en el consumo y la inversión.

En relación con la devaluación de la moneda sería importante mencionar que tan solo tendría un efecto temporal ya que no solucionan los problemas que tienen raíces estructurales. Las devaluaciones terminarán provocando inflación, con lo que las ganancias transitorias de competitividad irían desapareciendo y se requeriría de nuevas devaluaciones, con lo que los tipos de interés también se incrementarían.

Al igual que la devaluación supondría una mejora en la competitividad, dicha devaluación tendría efectos desastrosos en nuestra deuda externa, ya que en el supuesto de que la peseta se devaluase en un 30%, nuestra deuda se incrementaría en la misma proporción, ya que la mayor parte de nuestra deuda esta denominada en euros.

La consecuencia sería un de default, y resultaría imposible financiarse en los mercados internacionales durante unos años. La salida del euro también supondría una vuelta al riesgo cambiario, con el consiguiente inconveniente a la hora de realizar negocios en el extranjero.

Estamos ante una encrucijada, se trata de una elección colectiva que se nos plantea entre opciones malas o peores. Por una parte la salida del euro tendría unas consecuencias dramáticas en el corto plazo, tan severas como para desechar esta opción de primeras, sin embargo implantar las medidas económicas recomendadas o exigidas desde Europa parecen abocarnos al desastre y ahondarnos aun más en una crisis de muy larga recuperación y con terribles consecuencias en la sociedad española. En principio la opción de permanecer en el euro parece la menos dolorosa, pero requerirá de ajustes y cambios que vendrán dados desde Europa sin importar las consecuencias sociales.

Es muy difícil elegir entre opciones malas, solo espero que esta crisis acabe siendo una oportunidad para abordar los cambios que España lleva tanto tiempo posponiendo. La sociedad Española debe ser consciente y estar preparada para los difíciles tiempos que se avecinan, muy probablemente asistimos ante unas generaciones que van a vivir en peores condiciones que sus progenitores.

La pregunta ¿Euro si, o Euro no? No tiene respuesta, salirse del euro no parece la mejor opción, pero permanecer en el euro en estas condiciones tampoco, quizás el euro es un tren que no deberíamos haber cogido, y Europa no es ni la solución ni el problema, quizás así dejaríamos de buscar soluciones fuera para verlas dentro, las crisis son oportunidades para el cambio, quizás, si lo viésemos de este modo, podríamos salir de ella reforzados y mejorados.

Written by javierpalacin

July 30, 2012 at 10:57 am